Ética

Cuando se trata de ser un héroe, nunca pensamos en las implicaciones de solidificar esa imagen por medios cuestionables. Hay una misión, y un fin, pero  lentamente, mientras vamos consiguiendo esos éxitos, nos vamos dando cuenta que el fin es egoísta, que nadie se beneficia, ni siquiera el propio héroe. Pero debemos seguir, aunque cada pequeño triunfo sea sinónimo de una atrocidad, aunque cada pequeño paso que damos, es una niebla que entra por cada poro y se aloja en cada centímetro del cuerpo, que merma el alma y cala en los huesos, pero seguimos, el plan está en marcha y no hay vuelta atrás.

Una tierra prohibida, inmensa pero prácticamente vacía. Ruinas de lo que parece ser fue una civilización divina, pacífica y extrañamente extinta. No deberías estar aquí, no tendrías que buscar a esas criaturas para arrebatarles algo que no entiendes, y arrebatarle la poca gloria que le queda a esta tierra.

Lo sabes, pero no te importa. Para el héroe, el fin justifica los medios, y los dos son altamente cuestionables. Con cada crimen que cometes, te sientes más cerca de tu objetivo, pero más lejos de la razón por la que lo haces. Con cada crimen, la voz absoluta de tu único aliado resuena en tu cuerpo, te incita a seguir, te convence de que es correcto lo que estás haciendo. Te usa. Lo sabes.

Tus ojos parecen perdidos, no deseas pronunciar una sola palabra. Unas inmensas estelas de luz te muestran el punto exacto de tus atrocidades, pero al verlos sientes cada vez menos, tu alma se marchita, eres más una sombra que un humano. Lo estás haciendo ‘’bien’’.

Está hecho, le has arrebatado el último vestigio de divinidad a esta tierra prohibida, es la hora de reclamar lo que no es tuyo, es la hora de pagar la deuda que adquiriste al sentir ese primer golpe de sombría culpa.

Tu cuerpo, aunque tangible, se desmorona. Tu alma pertenece a alguien más. Nuestro egoísta héroe yace en silencio, a punto de morir por su propia espada. Lo merece.

Al final te das cuenta, tú fuiste ese aliado, tú fuiste esa voz que lo incitaba, estabas al control de todo, pudiste parar, pero no lo hiciste. Te diste cuenta que a veces la ética no basta, cuando amas algo, un egoísmo insano te invade. No eres un héroe, nunca lo serás. Eres un humano, ignorante de muchas cosas, pero sobre todo de tu propia naturaleza. Ignorante y a veces indiferente.

”Intenté escribir el Paraíso

No te muevas

Deja que hable el viento

Ese es el Paraíso.

Que los dioses perdonen lo que

he hecho

Que aquellos a quienes amo intenten perdonar

lo que he hecho”.

Ezra Pound.

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