Resplandeciente

─Otra vez tú, ¿qué quieres?

─Nunca me presento si no me necesitas.

─No te necesito, sólo quiero estar sola.

─Te sientes sola, pero no quieres estarlo. No pretendo llenar ese gran vacío que sientes, eso sólo tú lo puedes hacer. Sin embargo, has tomado algunas decisiones equivocadas desde la última vez que te vi.

─Si, desde la última vez. Creo 3 meses, vaya que te importo ¿no?

─¿Te has preguntado si tú me querías aquí?

…. ”Tal vez si te quería aquí, desesperadamente”. Pensé, pero no dije nada.

─Los humanos son seres peculiares, son más afortunados de lo que creen. Tesoros invaluables pasan frente a sus ojos cada día, pero no los pueden ver. La codicia de las personas nubla el poco juicio que les queda, le dan tanta importancia a las cosas banales, a su dinero, a su cuestionable reputación, a su poder. Hacen tantas cosas, pero ninguna bien. Son tan felices con tan poco. Tú no eres feliz, tú tienes miedo. Tú eres un verdadero ser humano. Tu corazón y tu mente no pueden ser llenados con cosas tan mundanas, tú necesitas esencia y casi nadie puede darla. El conocimiento que tienes lo has convertido en sabiduría, deberías sentirte orgullosa de eso. La mayoría de personas que adquieren conocimientos, se vuelven arrogantes y cínicos. Estás cargando con un peso que te has negado a soltar, y aunque te encuentres con un espíritu afín, te será imposible conservarlo. No sólo necesitas un espíritu compatible, necesitas que tu propio espíritu sea libre.

La gran lechuza guardó silencio, por primera vez extendió sus alas y entró a mi habitación. Se posó en una esquina de mi cama y se quedó prácticamente inmóvil, imponente y hermosa. Mis ojos empezaron a cerrarse, ella seguía ahí y no parecía tener intenciones de irse, y poco a poco me fui sintiendo más tranquila, dormí profundamente por lo que debieron ser una par de horas, porque cuando desperté aún era de madrugada, y la luz de la luna entraba resplandeciente por la ventana. La lechuza seguía postrada en el mismo sitió pero observando la ventana, sin volver a mirarme movió un poco sus alas y se dirigió hacia mí de nuevo antes de emprender el vuelo.

─Cuando tocamos fondo es cuando estamos abiertos a los cambios más grandes. Sé que volverás a aquel lugar, y te aseguro que no estarás sola.

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